Asociación Pioneros Musicales de Cantabria
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Archivo de Pioneros Musicales de Cantabria

Historia

La música popular en las agrupaciones de voces mixtas y el camino que condujo, desde los años cuarenta, a la aparición de los primeros conjuntos modernos de la región.

40— El punto de partida
Nuestra bienvenida

Hola a todos
y todas:

Estela cántabra

Esta página que estás viendo es fruto del trabajo de decenas de personas que, en algún momento de sus vidas, decidieron que había tiempo y espacio para muchas cosas, y que entre ellas estaba la Música.

Así es, la música con mayúsculas, con todas las mayúsculas que uno quiera ponerle a esa palabra tan familiar, llena de un significado profundo y maravilloso. Quienes tuvimos la suerte —o la desgracia— de vivir en los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, pudimos comprobar lo difícil que resultaba escuchar libremente la música que se hacía en los países vecinos, salvo que uno tuviera la fortuna de viajar y traerse bajo el brazo algún disco de aquellos artistas que se antojaban “modernos”.

Ya existían compañías discográficas que editaban música extranjera —como EMI, RCA, Telefunken y, sobre todo, la nacional Hispavox—, pero, por desgracia, apenas se publicaba una pequeñísima parte de los catálogos que veían la luz en otros países que ya marcaban tendencia, como Francia, Italia o Inglaterra. El aislamiento internacional que sufrió España en aquellos años cruciales no solo afectó a las relaciones comerciales, sino que causó un daño mayor: el aislamiento cultural. La falta de contacto con las nuevas corrientes extranjeras impidió que el país respirara la modernidad que florecía más allá de nuestras fronteras. España seguía inmersa en la copla y la música folclórica —sobre todo la andaluza— y se nutría de las revistas musicales y de las zarzuelas como pilares de una identidad nacional.

La música clásica estaba reservada a ciertas élites que podían acudir a las escasas salas de concierto del país; el resto debía contentarse con cines o teatros adaptados, o con plazas al aire libre cubiertas por toldos, no para mejorar la acústica, sino para protegerse de la lluvia.

Puede decirse que la música moderna llegó a España en 1956, de la mano de la compañía Hispavox, cuando comenzó a editar parte del catálogo del sello francés Vogue. En aquellas grabaciones se escucharon por primera vez guitarras eléctricas y grupos verdaderamente modernos.

La radio era el gran vehículo de transmisión de esos nuevos sonidos, porque hasta bien entrada la década de los sesenta el número de reproductores —los populares “tocadiscos”— era tan reducido que apenas superaría el millar en toda España. Sí, has leído bien: mil. Quien tenía la suerte de poseer uno de aquellos preciados aparatos se convertía en el “pagafantas” de la pandilla, el pinchadiscos forzoso de su pequeña colección. Por supuesto, el sonido era monofónico, y la estereofonía —que aún tardaría algunos años en llegar— se percibía como una fantasía de ciencia ficción.

Un solo altavoz, las voces teatrales de los locutores de Onda Media, y una programación que alternaba sainetes, partes hablados, misa y rosario. Esa era la España de finales de los cincuenta. Cuando el calendario comenzó a conjugar el número seis, la cosa empezó a cambiar. Pasamos de Manolo Caracol a Antonio Machín, de Lolita Sevilla a Marujita Díaz, y de los Payadores al Dúo Dinámico.

En 1961 aparecieron Los Pekenikes, y poco después Los Brincos, con ese sonido nuevo que llegaba de cuatro jóvenes “melenudos” de Liverpool que estaban cambiando el mundo. En la pequeña tierra del norte, entonces conocida como La Montaña, también se despertaba esa idea de modernidad entre los jóvenes. Empezábamos a lucir pantalones de campana, suéteres ajustados, botines a juego y tabardos azul marino, combinados con un pelo moderadamente largo.

Era el despertar de los sesenta: la juventud de esta diminuta región asomándose al mundo moderno. Quien más, quien menos, lo recuerda con nostalgia, porque en aquellos años todo era nuevo, fabuloso y sorprendentemente moderno.

Las primeras discotecas, con sus luces de colores, habían dejado atrás los guateques en los garajes. Los diminutos tocadiscos se habían convertido en potentes equipos estereofónicos que nos hacían bailar al ritmo del soul de los Bravos, Lone Star o Juan y Junior.

Fueron tiempos felices, los de todos aquellos pioneros que, desde comienzos de los años sesenta, se atrevieron —muchas veces en contra de sus familias— a empuñar una guitarra y subirse a un escenario para expresar, con mayor o menor fortuna, un sentimiento de libertad y alegría. Era la necesidad de hacer lo que uno realmente quería: cantar, moverse y hacer mover a otros, transmitir, entre acordes sencillos y letras ingenuas, lo que de verdad importaba: la alegría de estar vivo.

¿Quién no recuerda, en esta región, a un jovencísimo Federico Llata Carrera, que desde los micrófonos de Radio Cantabria nos acercaba los primeros sencillos a 45 rpm, los Festivales en el Teatro Pereda o las Fiestas de la Juventud por toda la geografía local, de Castro Urdiales a Reinosa? O a los primeros grupos musicales modernos: Vándalos, Verdugos, Clunys, Latones, Los Duendes, Quekos, Zapata, Dixies, Ratones, Galeotes, Golpes, Rejas, Zéros, Seisan, Quijote, Jaquemate, Altamira, Íbio, Shure, y un largo etcétera de conjuntos y artistas que se atrevieron a romper el férreo control de la sociedad de entonces y abanderaron los primeros movimientos musicales de nuestra región, mucho antes de que se llamase Cantabria.

Así pues, este es un espacio abierto a todos aquellos y aquellas que se identifiquen con esa corriente que surgió en esta tierra en el último tercio del siglo pasado. Un espacio que solo pretende dar vida y voz a aquellos momentos, a sus protagonistas y a su época, recordándolos tal y como fueron, sin alardes ni romanticismos, y reivindicando todo lo que significaron para nosotros y para las generaciones posteriores, las que tomaron nuestro relevo y demostraron que aquel esfuerzo no fue baldío.

A.P.M.C.

Los antecedentes

Antes de los grupos modernos

Para narrar con rigor histórico los comienzos de la música moderna en la región cántabra, es necesario remontarse a la década de 1940 y aceptar que lo que hoy denominamos música moderna era entonces toda aquella que no pertenecía al ámbito clásico, religioso o estrictamente tradicional, aunque en buena medida se nutría de ellos y tomaba prestados muchos de sus elementos esenciales.

Pioneros Musicales de Cantabria quiere, además, agradecer a todos ellos su colaboración con esta página y, en especial, a Diamantes Musicales de Cantabria y a Emilio Carrera Mora, auténticos pioneros y recopiladores de la historia de los grupos cántabros.

Archivo histórico

Las primeras agrupaciones musicales

Un recorrido por las formaciones que precedieron y acompañaron el nacimiento de la música moderna en Cantabria.

La nueva generación

Los primeros grupos musicales

La historia continúa década a década a través de las agrupaciones, artistas y recuerdos conservados en el archivo.

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