
Anagrama —formado en Santander en 1972— surgió dentro de un panorama musical en el que comenzaban a proliferar formaciones con un repertorio amplio y versátil, orientado tanto al público de salas como al de fiestas populares. En este contexto, la banda destacó por su capacidad para abordar distintos estilos dentro del ámbito del pop, incorporando a su repertorio temas de diversa procedencia, desde clásicos del rock como “Long Tall Sally” hasta adaptaciones de canciones populares en castellano como “El gato que está triste y azul”.
Más que un conjunto al uso, Anagrama funcionaba con una concepción cercana a la de una pequeña orquesta moderna, sustentada en la experiencia de sus integrantes. Entre ellos figuraban músicos con una trayectoria previa consolidada en otras formaciones destacadas del entorno local. Luis Ignacio Hermida, por ejemplo, había formado parte de grupos como Los Flitr’s y Los Juncos; José Felipe Bezanilla, guitarrista, procedía de Los Ratones y Los Rejas; y Ángel Gutiérrez había pasado por formaciones como Los Diamantes, Los Bahía o Los Cobra. A este núcleo se sumaban otros músicos como Alberto Marqués, vinculado a la familia musical de Los Blancos, y Jesús, que aportaba una sólida formación académica.
La actividad del grupo se desarrolló en diversos escenarios de Cantabria y otras regiones, con actuaciones en espacios como el Club Parayas de Maliaño, la Pista Río de Torrelavega, la sala de fiestas Coliseum en Santander o el Yucatán de Noja. A ello se añadían numerosas intervenciones en romerías y fiestas populares en localidades como Beranga, Ampuero o Soncillo, así como una destacada presencia en Logroño, donde actuaron durante una semana completa con motivo de las celebraciones locales.
La intensidad de esta actividad queda reflejada en anécdotas como la protagonizada por José Felipe Bezanilla, quien compaginaba su trabajo en una entidad bancaria de Santander con las actuaciones del grupo. Tras finalizar su jornada laboral, se desplazaba en su vehículo hasta Logroño para participar en los conciertos, regresando inmediatamente después a Santander para reincorporarse a su trabajo al día siguiente, en un ritmo que apenas dejaba espacio para el descanso.